Con olor a hierba
Cuando la vida todavía se podía oler
Hay días que huelen, a pan recién hecho, a sudor de trabajo, a hierba recién cortada después de la lluvia. Huelen a algo vivo. Y hay otros, la mayoría, que no huelen a nada, están tan limpios, tan filtrados, tan digitales, que podrían venir en aerosol.
La modernidad nos perfumó el instinto, todo está sanitizado, empacado, sin historia. Ya no olemos la tinta de un libro, ni la madera que se calienta al sol, ni el aliento del campo cuando amanece. El mundo perdió su aroma natural y lo cambió por “fragancia neutra”. Y lo neutro no deja huella.
Antes, los olores marcaban los capítulos del día: café por la mañana, gasolina al mediodía, pan dulce por la tarde, hierba y humo por la noche. Cada uno era una coordenada invisible del alma.
Hoy el aire huele a ti, a complicidad, a hierba fresca… (perdón, me traicionó el inconsciente). Hoy el aire huele a clima controlado. Y por eso nos perdemos: porque ya nada nos guía.
El olfato era instinto, era verdad, podías saber si alguien estaba nervioso, enamorado o mintiendo solo por el olor, pero ahora nos oponemos a cualquier aroma que no venga en presentación “premium”. Y así, en la cruzada por oler bien, dejamos de oler de verdad.
Por eso, cuando vuelves al campo y aspiras el aire después de cortar pasto, algo dentro reacciona. No es nostalgia, es reconocimiento. Es el cuerpo diciendo: “así olía estar vivo”. El olor de la hierba no es solo frescura; es memoria que respira.
Ya no hace falta teorizarlo, basta con detenerte un segundo y oler: el café antes del sorbo, el viento antes de cerrarlo, el pecho de quien amas antes de despedirte. No porque alguien lo diga, sino porque ahí está la vida, ocurriendo, sin permiso, sin filtro.
Para no robarle el título, honor a quien honor merece:
Aquí les dejo la canción de Manuel Alejandro en voz de Emmanuel, un clásico de los ochentas. 🎵
Con olor a hierba – Emmanuel (1980)