La verdad duele menos que la incoherencia
Pensar, Decir y Actuar
La verdad raspa, sí, pero la incoherencia desgasta, la verdad te rompe una vez, la incoherencia te rompe en abonos. Lo sabemos todos: no duele lo que te dicen de frente, duele lo que hacen a tus espaldas. No lastima la sinceridad, lastima el teatro. El punto no es suavizar el mensaje, es alinear tres cosas que casi nadie alinea: Pensar, Decir y Actuar.
Hay quien habla con terciopelo, pero actúa con lija; te promete “eres prioridad” mientras en su calendario eres nota al margen. No necesitan alzar la voz para herir, basta con no coincidir entre lo que piensan, lo que dicen y lo que hacen. Esa fractura invisible cansa más que cualquier grito.
La incoherencia obliga a caminar con pin-zi-tas, a medir palabras, a no mover nada para que “no se vaya a enojar”, como si la vida fuera un cristal frágil que tienes que cargar con los dedos. Pero la verdad no pide eso, la verdad pide consecuencia: una frase honesta puede doler, pero da paz. La incongruencia no duele, corroe; mete en silencio y un día te sorprende agotado sin explicación.
La parte incómoda es que la verdad sana rápido, la incoherencia nunca. La verdad puede tumbarte, pero te deja de pie; la incongruencia no tumba, vacía, te deja parado, pero por dentro hecho polvo.
Pensar, Decir, Actuar, en ese orden, en la misma dirección. No en tres versiones distintas de uno mismo para justificar lo contrario.
La verdad duele menos que la incoherencia porque la verdad raspa, pero libera, y la incoherencia sonríe, pero asfixia.